La discusión sobre la inteligencia artificial y el trabajo ya no es futurista. Ya está pasando.
Santiago Bilinkis no lo trae en este video. Salesforce ya dejó claro que la IA está resolviendo una parte enorme de las interacciones de soporte, y su CEO aseguró que la compañía redujo de forma drástica su equipo en esa área. Amazon también fue directo: su liderazgo ya habla abiertamente de una reducción de empleados corporativos a medida que la IA y los agentes se integren más en la operación.
En Shopify, el mensaje fue todavía más brutal: antes de pedir más personal, los equipos tienen que demostrar por qué una IA no puede hacer ese trabajo. Esa sola idea ya te dice todo sobre hacia dónde se está moviendo el mercado.
Pero esa es solo la mitad de la historia.
Porque varias compañías que corrieron a reemplazar personas con IA también se dieron contra la pared. Klarna, uno de los casos más citados como ejemplo del reemplazo humano por automatización, terminó corrigiendo el rumbo y volviendo a reforzar el componente humano tras detectar problemas de calidad. IBM también mostró una realidad más incómoda: algunas funciones sí pueden ser absorbidas por IA, pero eso no significa que el impacto sea lineal ni que todo el empleo desaparezca. En algunos casos, mientras se destruyen ciertos roles, se abren otros en áreas distintas.
Y ahí está la verdadera pregunta.
No es solo si tu profesión desaparece. Es si el camino para entrar al mercado también se está rompiendo.
Los trabajos de nivel inicial, esos donde antes la gente aprendía, agarraba experiencia y empezaba a subir, podrían ser los más golpeados. Esa “escalera” que durante años permitió entrar al mundo profesional hoy empieza a verse más frágil, más corta y más incierta.
Por eso los expertos más importantes del mundo se contradicen tanto. Unos advierten desempleo masivo y una crisis seria en los próximos años. Otros prometen una era de productividad, abundancia y nuevas oportunidades.
Las dos cosas pueden estar pasando al mismo tiempo.
La IA puede eliminar tareas, transformar profesiones, achicar equipos y volver obsoletos ciertos puestos. Pero también puede crear nuevas funciones, aumentar la productividad y cambiar por completo lo que entendemos por trabajo útil. El problema es que esa transición no será pareja, ni ordenada, ni justa para todo el mundo.
Y ahí es donde entra la parte más importante de esta conversación: prepararse.
Porque quizás el error no es preguntarse “¿la IA va a quitarme el trabajo?” La pregunta más inteligente es: ¿qué parte de mi trabajo ya está cambiando, y qué tengo que aprender ahora para no llegar tarde?
El futuro laboral no está escrito. Pero la niebla ya empezó. Y el peor error ahora mismo es actuar como si todo siguiera igual.
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